Julian Belt nació en Praga el 8 de noviembre de 1883 en el seno de una familia burguesa británica ligada al comercio colonial. Logró resaltar durante su infancia por su aplicación y capacidad de tolerancia de la autoridad paterna, convirtiéndolo pasajeramente en el hijo ideal.
Su madre, una lesbiana sufragista, abandonó e núcelo familiar cuando el crío apenas tenía nueve años, para irse con una mulata tahitiana cuatro veces más amplia que la delgaducha mujer británica. El padre jamás pareció más alterado que de costumbre por ello (era un hombre de gran temperamento), y educó a su hijo en el orden marcial. Al cabo de tres años la madre de Julian fallecía literalmente aplastada por su pareja sentimental. Fue cuando Julian su padre y la amante de éste se fueron a vivir a una fría casa de Londres.
Julian sufría graves problemas respiratorios desde su más tierna infancia, eso es desde que fuera un bebé. Su padre no deseaba que heredara el oficio paterno, sino mas bien que se dedicara a una profesión liberal en que enriquecerse hábilmente puesto que era capaz de ver que el chico era talentoso y superdotado. Pero no lo suficientemente hetero.
Julian nunca se sintió prolongadamente feliz. Tampoco ayudaba el hecho de que se sintiera en constante peligro de muerte por ahogamiento. Tal como le habían diagnosticado los médicos con que su estricto padre se puso en contacto, el joven sufría de una intensa miopía pero especialmente de bronquiectasias a la par que una anómala constitución interna de las fosas nasales y las mucosas, que le impedían respirar con naturalidad. Se trataba de un chico inteligente, hábil y sensible, pero excesivamente costoso de mantener y de intereses bizarros, incluso desviados. El padre de Julian pronto comprendió que de tal palo tal astilla, y que el chico (que ya no era un niño) había salido a su fallecida mujer: homosexual. No era lo que peor le sentaba, porque era un puritano del firme parecer que las aberraciones sexuales bien canalizadas no son especialmente peligrosas siempre que puedan esconderse de un modo convincente. La ostentación, era contra eso contra lo que él estaba. Pero su hijo era una maricona y eso ya no le entraba tan a gusto. Si cuanto menos fuera un joven saludable y masculino que gustara de los hombres saludables y masculinos pero pudiera esconder ese deseo sodomita y llevar una vida socialmente aceptable sin que sus desviaciones le afectaran en lo familiar o lo profesional... Él no sería quien para coartarlo. Pero el chaval tenía gustos demasiado femeninos.
Era algo que a su padre le repugnaba, porque no alcanzaba a comprenderlo ni por atisbo. De la misma forma que no acababa de comprender a su mujer, pero a ella al menos le gustaban las mujeres, un gusto comprensible desde su mismo placer por el sexo femenino. A su hijo parecían atraerle chicos que sólo lo eran de nombre.
Como se comprenderá, el pobre superdotado era tremendamente infeliz y apenas atisbaba a imaginar otro estado. Aunque aún no ha sido mencionado poseía una gran belleza pese a su endeble salud, un cabello oscuro y frondoso y una piel nívea. Sus facciones eran delicadas y sus modales gráciles aunque tristes. Su mandíbula angulosa, su cuerpo menudo y estilizado pero lujurioso.
Por contraste con su bello y despreciado exterior, Julian era percibido como un ser aberrante por un gran grueso de sus conocidos, y como un maleducado frío y ofensivo.
A los trece años dejó de estudiar, rebelándose contra la autoridad paterna. Fueron años terribles en los que pretendió olvidar sus desastrosos orígenes y labrarse penosamente su propio camino para acabar atrapando el VHS con tal fuerza que cuando la enfermedad se manifestó, su agonía duró menos de dos semanas.
Increíblemente, su pare siempre había considerado al joven como un hombre bello, y se sorprendió... no entristeciéndose, ni arrepintiéndose de su forma de actuar, sino conmovido por aquél angelito moribundo que sin embargo era su hijo, y del cual en el fondo no lamentaba la pérdida.
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